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Inteligencia emocional en niños

Me gusta ocuparme de todo lo que la escuela no enseña como lo comenté en este post. (Haz clic aquí para leer el post "Lo que la escuela no enseña")

Una de las cosas a las que debemos prestar atención es a la gestión de emociones de nuestros hijos. No hablo haciéndome la psicóloga porque no lo soy, lo digo como mama y desde mi experiencia.

Considero que así como ayudamos a nuestros hijos a desarrollar habilidades como caminar, hablar, luego a andar en bicicleta, a nadar o a adquirir hábitos de estudio, debemos también ocuparnos de enseñarles a regular sus propias emociones.

Por ejemplo, algunos de los tips que hemos trabajado con Àlex es "el que se enfada pierde" para que el aprenda a controlar el mal rato que podría pasar en el caso que reciba una ofenda. Aunque sean esas tonterías como juego al "chincharlo".

También he ido intentado que desarrolle el sentido del humor para que aprenda a reírse de si mismo, de esa manera evitará situaciones en la que pueda sentirse ridículo si es el primero en reconocer defectos o transformarlos en risas todo es más fácil.

Estas pequeñas cositas que intento aplicar en él luego las recibo por su parte y me hacen mucha gracia porque significan que funcionan.

Bendita memoria emocional.

Estos días estuve viviendo una situación de impotencia, cargada de infra
valoración con un puntito de sentirme ninguneada. Mi hijo vivió la situación conmigo y me resultó interesante que vea como la vida es injusta muchas veces.

En el momento que yo estaba tensa, y un tanto desencajada intentando asimilar la noticia que estaba recibiendo Àlex me dijo:

-Mama, ¿te acuerdas cuando te dije que porque el capitán de mi equipo no era yo o algún otro niño y tenía que ser siempre el mismo?

-Si, hijo, el capitán es el hijo del entrenador.

-Pues eso mama.

Lo dijo seguro y resignado mientras me acariaciaba el pelo sosteniendo la mirada sin pestañear.

Acababa de darme una gran lección.

En cuanto se durmió fuí rápido a buscar la libreta de "Consejo que te dí" y rescaté aquella página donde plasmaba el tema del capitán de su equipo y decía:








Acto seguido me apliqué mi propio consejo, froté mi frustración hasta que quedó reluciente y seguí sonriendo a la vida como los míos quieren que haga.