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Cambiemos, pero cambiemos nosotros.

Aprovechemos el cambio de gobierno para tener un cambio de actitud.

Dejemos de caracterizarnos por la viveza criolla, de buscar esa ventaja personal.

Cambiemos... pero de hábitos.

Dejémonos de echar culpas a otros y hagámonos cargo de nuestros errores.

Cambiemos... pero de chip.

Dejémonos de fanatismos, estos días leía en facebook
como gente insultaba, pero de esos insultos vulgares, absolutamente sin argumentos, a los que opinaban y sentían distinto a ellos. ¡Qué lástima!
Más que vergüenza ajena me daban vergüenza propia, y me negaba a identificarme con ese tipo de argentino.

Cambiemos...

No dejemos que ese tópico del argentino listo, el que se la sabe a todas, esos licenciados en todo y especialistas en cosas nos coma y convierta el tópico en realidad. 

Es imposible pedirle a un argentino que no sea pasional, si más de uno lloramos delante de la tv cuando nos enteramos en riguroso directo que el mismísimo Papa era argentino (Yo la primera, que conste). Lo que le faltaba a nuestro sensible orgullo.

¡Dios te salve Papa Francisco!
Danos hoy la humildad que necesitamos cada día.

Me siento con poco derecho a escribir lo que pasa allá porque vivo acá, pero es que no voto ni allí ni aquí (por motivos que en algún momento os contaré, temas burocráticos, no podía ser de otra manera). Y con mucho dolor que no voto, no vayan a creer que me daría pereza semejante acto de participación democrática.

Ojalá tengamos un país más seguro, con más educación, con más trabajo (y a poder ser digno) con servicios de salud a la altura del pueblo. (No quiero decir que lo que había era malo, lo desconozco, sepan leerme por Dios Santo).

Ojala tengamos lo que necesitemos y no lo que nos merecemos porque si es por "merecer" a veces dejamos mucho que desear. Por eso les digo, cambiemos... o al menos lo intentemos.

Siempre tuya Argentina.


Marianela.

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