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La chica sin sueños

Ana tiene 32 años, es una mujer independiente y autosuficiente, lo que vendría ser una mujer moderna... actualmente su vida laboral podría decirse que está en proyección, su perfil señala que
no va a tener mayores problemas ni económicos ni de trabajo, pues su formación universitaria y favorable situación familiar la avalan. No tiene incertidumbres que la acechen, y se podría decir que vive tranquila en su zona de confort.

Un cierto día, en una conversación un poco más profunda de lo habitual, esas de las que ella no estaba acostumbrada, le preguntaron cual era su sueño. No supo responder, se tomó su tiempo para pensar, pero se sintió vacía y básicamente sin ilusión por no encontrar nada concreto como "su sueño".

Comenzó a preguntar a su familia y amigos para saber que era lo que motivaba a cada uno.

De su mejor amigo no era muy complicado saber que lo que movía a ese joven era recorrer el mundo, ya tenía decenas de países recorridos en distintos continentes.
Su padre, le respondió a la pregunta con la jerarquía que lo había jubilado. Sueño cumplido, director general de la compañia.
Su jefe le habló de tiempos de cronómetros mientras lustraba con el jersey las medallas de Maratones.
Su madre había conseguido su sueño de emprender, y tenía una tienda de ropa de niños en el centro de la ciudad.
Una de sus amigas quería saltar en paracaídas.
Y su novio quería comprarse el coche más deportivo de los deportivos.

Ella traducía que lo de su mejor amigo eran vacaciones, que lo de su padre era parte de su vida laboral, que a su jefe se había enganchado a la moda runner, que su madre necesitaba realizarse como mujer no-mantenida con  su tienda, que a su amiga amaba los deportes de aventura y que su novio en la línea de los hombres quería más que un coche funcional. No se identificó con ninguno y se sintió aún más vacía.

Se puso a pensar que era lo que la hacía levantarse cada día con esa energía que tanto la caracterizaba. Descubrió que no tenía sueños, ni grandes proyectos, pero  también descubrió que los lunes saltaba de la cama pensando en la  imperdible clase de yoga de la tarde, que los martes tenía la mañana libre y no poner el despertador le daba felicidad, que los miércoles adoraba quedar con sus amigos después del trabajo a tomar unas cervezas y los viernes su novio le cocinaría esas pizzas anti-dietas que tanto le gustaban, que los sábados se los dedicaba a perderse en las novelas que leía sin que nadie la molestara, que el domingo iría a comer con sus padres y volvería cargada de tuppers de comida rica para toda la semana.

 Ana concluyó que algunas personas tienen proyectos, actos u objetos alcanzables a mediano o largo plazo a la que le llaman sueños y luchan por alcanzarlos, otras personas en cambio encuentran ánimo en otras actividades del día a día, a veces es más importante tener estímulos pequeños cada semana que gran ímpetu por sentirte realizado el día de mañana, que tu mayor anhelo sea que llegue el sábado por sentarte a descansar también es válido.

 Todos los sueños son útiles si de lo que se trata es de impulsar tu felicidad.