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Ruedas de maletas

Entonces en el escadaloso silencio de la noche se abrió una puerta, y se escuchó de ese particular sonido de ruedas de maletas.
En la recepción del hotel, ya conoces cuales son los ruidos de ruedas de las maletas, la de los ejecutivos apurados, la de los relajados turistas, y  las no-maletas de las parejas que simulan despistados nunca haber pasado, entre otros.
Este no era ninguno de esos, este era pausado, tímido, pero seguro. Me costó decifrarlo hasta que interpreté que era una maleta con poco equipaje, pero cargada de sentimientos. Una maleta casi nueva, pero con varios usos, probablemente con usos importantes. Siempre pensé en lo protagonistas que son las maletas cuando viajamos, se nos va la vida en no perderlas de vista, no le cargamos ropa, secadores de pelo y neceseres llenos de cosas, le cargamos el "¿estaré bién con este vestido para esta ocasión?" y con un "hoy tienes que secarme el pelo tan perfecto que parezca de peluquería".
Esta maleta cargaba un "mamá, que sí que estoy comiendo bién", cargaba un "cuanto tengo que ponerme al día con mi hermana, seguro que me dice que no le escriba más al pesado ese", y "un papá que ya no tengo 15 años".

Próxima Estación: Granada.

Hoy ella hará rodar esas ruedas de maletas por su tierra, donde ya sonarán distinto, hoy cantarán de alegría de estar de nuevo en casa.

Buen viaje maría José.